Claro, preguntemos a una madre que ha perdido a su hijo, al chaval que perdió sus piernas en un accidente, a quien ha perdido todo en un terremoto o al conyuge que descubre infraganti, muerto por dentro, como su pareja fornica con otra persona. Sí, es opcional, pero a veces es inevitable coger la opción de sufrir. Porque somos humanos. Si fuésemos máquinas anularíamos al instante todo sufrimiento, simplemente nos adaptaríamos automáticamente a las nuevas circunstancias. Pero no lo somos. Y es una putada, la verdad, pero también se puede aprender mucho.
Todos tenemos nuestro proceso de superación, que es más corto o más largo dependiendo de cómo seamos. Es algo incluso genético (unas personas están más predispuestas a ser más positivas que otras). Nadie es un témpano de hielo al que nada le afecta y si lo es, me da lástima. El problema surje cuando este tiempo se vuelve demasiado largo y la persona cae en una espiral de donde cada vez es más difícil salir. El dolor se va instalando como un virus en todas las facetas de su vida, incapacitándolo para todo. A esta persona (o cualquiera) si le dieran a elegir entre sufrir o no, elegiría no hacerlo lógicamente y en realidad, si que tuvo la decisión en sus manos, pero éstas, mojadas de lágrimas, hicieron resbalar su salvación.
Hay muchos dramas que me recuerdan un poco a dejar de fumar. Como decía al principio, si la opción fuese tan sencilla y con este símil, un fumador que decide dejar de fumar, en los siguientes segundos de su vida hasta su muerte no echaría en falta un cigarro. Jamás lo pasaría mal por ello. Y resulta que ,mira por donde, la adicción a esta droga es en un 90% psicológica. Entonces el fumador, lo deja, pero se martiriza continuamente echando en falta algo que sólo le daña. Igual que muchos de nosotros nos torturamos con pensamientos, anhelos o llamarlo como queráis, que a veces, ni siquiera nos conviene la solución que nos gustaría.
Yo estoy dejando de fumar, así que sé de qué hablo.
Al final la frase podría resumir el control del cerebro racional sobre el emocional. Porque en todas las situaciones que nos presenta la vida que nos hacen un daño enorme, tenemos escondido un kitkat para comérnoslo y pensar sólo racionalmente. Podemos estar mucho tiempo para encontrarlo pero al hacerlo vemos que tal vez no es tan grave, vemos qué soluciones hay, diferenciamos lo que queremos con lo que debemos hacer y un montón de mecanismos que veríamos si no fuésemos los protagonistas. Puede llegar a curarnos momentaneamente este paréntesis de pura racionalidad. Lo que es vital es recordarlo y aplicarlo. No podemos evitar sufrir, pero podemos hacer que sea más llevadero y haciéndolo, también termina antes. Hasta se puede aprender a tener una actitud mucho más positiva y que ante los mazazos estemos más predispuestos a usar más la razón. Yo estoy aprendiendo. ¿Y tú?
No hay comentarios:
Publicar un comentario