martes, 25 de junio de 2013

Evolución tecnodependiente



Estoy leyendo últimamente noticias aleatorias sobre cómo la tecnología está mermando nuestro rendimiento cerebral. Desde hace siglos cada generación, dicen, es "menos inteligente" que la anterior, algo que se habría acelerado alarmantemente durante la década pasada con el auge de Internet. Lo debatían el otro día en Cuarto Milenio tras un riguroso (o no) estudio de fondo sobre el asunto. Daban el dato, por ejemplo, de que un ciudadano medio de la antigua Grecia sería en esta época un superdotado o que el cerebro es ahora un 10% más pequeño que antes. Como a mí no me invitaron al debate pues escribo aquí mi opinión y mi experiencia, pues me sale así de los cojones.


Es verdad que ahora tenemos toda la información al alcance de nuestra mano y eso nos vuelve más vagos mentales. Todos hemos notado antes cómo nuestra capacidad de cálculo se iba a la mierda poco tiempo después de acostumbrarnos a la calculadora. Pasa lo mismo con el resto de información que ya no nos hace falta recordar. Es como si nuestra mente estuviese predispuesta a no tener que grabar profundamente las cosas en la memoria, ahorrando así recursos supongo, y con el paso del tiempo vamos perdiendo esa capacidad, así como la concentración en lo que hacemos. Sin embargo por extraño que parezca yo no creo que esta era tecnológica nos esté convirtiendo en humanos inferiores si no más bien al contrario. No tiene por qué ser necesariamente perjudicial esta "tecnodependencia".


Cuando era muy pequeño me regalaron un ordenador portátil de juguete que consistía en una serie de acertijos, puzzles y demás pruebas matemáticas y de lenguaje plasmadas en una pantalla cutre en blanco y negro de 8 bits. Enseguida le cogí cariño al aparato y me pasaba las horas descifrando sus más o menos enrevesados entresijos. Al cabo de un tiempo resolvía cada uno de sus acertijos con soltura y llegó a aburrirme, así que cuando en el colegio nos planteaban problemas o cálculos más complejos, yo los tomaba casi como un juego y me gratificaba resolverlos. Cuanto más complicados, más disfrutaba con su resolución. La facilidad de hacerlo es probable que viniese precedida de mi prematura práctica con aquel juguete, pero sobretodo creo que vino a consecuencia del cambio de actitud que me supuso, ya que cuanto más disfrutamos de algo, normalmente mejor lo hacemos. Es más que probable que solo con el enfoque aburrido e impuesto de las clases de matemáticas, nunca habría disfrutado con ellas y no habría adquirido por vagancia o desdén la capacidad resolutiva.


Es verdad que mi afición a los videojuegos me ha "distraído" demasiado. Culpa mía. Pero no es menos cierto que he aprendido mucho de ellos y de muchos temas además. Ya huele a mierda la teoría de ser un entretenimiento basado en "marcianitos" que no lleva a ninguna parte. Los juegos aumentan los reflejos de quien los usa, favorecen el uso del 'coco' al presentarnos puzzles de una manera amena e impulsan la agilidad mental al vernos obligados a pensar rápido en juegos online para ganar. Estas partidas en un juego de guerra podrían equipararse muchas veces a sendas partidas de ajedrez a otro nivel. Hay unos cuantos estudios que vienen a demostrar ésto, por cierto. Son la evolución de mi portátil infantil. Pero va mucho más allá cuando te hacen aprender historia, enriquecen el vocabulario o desarrollan la imaginación de uno. Y es que hay juegos más enriquecedores y con un trasfondo más amplio que muchos libros. Lo he comprobado.


La televisión también aporta mucho al conocimiento, sobretodo la ingente cantidad de documentales y repotajes que abordan todo tipo de temas. El trabajo que representa el estudio de años (o siglos) de una materia nos es resumido e inyectado en nuestras mentes en un tiempo cuantificado en minutos u horas y aunque esa pasmosa comodidad va en detrimento de nuestra capacidad de esfuerzo, nos hace aprender. Por desgracia es un invento politizado y convenientemente manipulado con muchas trampas informativas que además está repleto de programas ridículos y borreguiles. Pero es que también hay libros de mierda o experiencias en la vida de mierda y no por ello tenemos que absorber sandeces o quitar valor al medio de difusión en sí mismo.


Pero estas “herramientas” que nos ha brindado la tecnología son nimiedades comparadas con el poder que ofrece Internet. Y es que este medio nos pone a día de hoy al alcance de la mano todo el conocimiento prácticamente inmortalizado hasta ahora por el Ser Humano y gratis, no solo para una minoría poderosa como antes. Y lo mejor de todo es que sigue siendo un medio libre, tan inmenso que es humanamente imposible controlarlo. No menos importante es la facilidad con que nos podemos comunicar con alguien en cualquier parte del mundo. Que un chico de 26 años desconocido esté escribiendo esto que tú lees ahora, es casi milagroso. Las redes sociales han propiciado además cientos de grupos de personas con un afán de luchar por hacer el mundo un poco mejor, enriqueciéndose unos a otros que de otra manera sería muy difícil, si no imposible. He conocido a muchas personas en este entorno virtual con las que he aprendido mucho y ojalá ellas de mí; algunas han pasado a formar una parte importante en mi vida y con muchas otras me habría encantado pasar ese tiempo en persona tomando un café, pero con la mayoría he crecido como persona o simplemente me he divertido, que también es necesario coño. Por otra parte es quizá la única manera de informarse de verdad sobre lo que hay detrás de nuestro modo de vida. Si dedicamos un tiempo a rasgar la superficie de mentiras que nos han hecho creer, descubrimos un elenco enorme de verdades sobre nuestra historia y sobre cómo se maneja hoy el mundo. Cualquiera que se haya molestado en ello, ha podido darse cuenta de cuán podrido que está el Sistema y es patente la creciente organización de la gente en movilizarse contra él. Cada vez hay más gente que despierta y quiero pensar que con el paso de los años conseguiremos una sociedad más justa. Todo en exceso es malo y tendemos a acomodarnos, más es peligroso depender de algo que un día puede fallar o ser saboteado. Tampoco puedo olvidar el esfuerzo de gobiernos, empresas y altas esferas en convertirlo en un medio de control, pero mientras sigamos manteniéndonos en guardia y no abusemos, ¿De verdad la tecnología nos hace menos inteligentes? Y sí así fuese, ¿no es preferible evolucionar en valores, conocimiento y justicia, que ser súmamente inteligentes atrapados en la ignorancia o una mentira? Ahí lo dejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario