
El otro día andaba asfixiado, sudoroso y estresado por mitad de Bilbao y como me sobraba tiempo paré en una terraza a tomar una Cocacola. Mientras la tomaba a sorbos pequeños, me fijé en una manzana roja abandonada sobre un banco que tenía a pocos metros y pensé: "50.000 años después de Adan y Eva ahí está". Mientras, un pobre hombre tocaba el clarinete bucolizando la escena de una estampida de gente igual o más sudada que yo, que iban de un lado a otro de la calle, con todo tipo de caras y emociones ocultas, pero todos tenían en común la prisa por llegar a alguna parte. Y mirando aquella manzana me sentí en parte como ella y me dio por hacer balance de la humanidad desde aquella primera manzana del pecado, hasta ese instante. Como podéis imaginar, no me sentí muy feliz. Hasta me pregunté quién sería el desgraciado que la dejó ahí, mientras el tipo del clarinete tocaba unas piezas del paraíso por dos monedas, que podría usar para comerse alguna manzana, por ejemplo. Sin embargo también pensé: seguimos adelante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario