lunes, 4 de noviembre de 2013
De niño mayor
Noche helada de Noviembre. El cielo llora sobre tu ventana todos mis sueños por cumplir. Como un niño solo y desamparado derrama lágrimas sin cesar y ellas quieren tocarte... no... quieren atravesar el cristal y mojarte, absórbelas por tu piel, que sean parte de ti.
Cuando yo era un niño, imaginaba a veces cómo vería cada cosa siendo un mayor de esos que lo sabían todo. Hoy imagino cómo lo vería siendo ese niño que fui. Como el
cielo llorando, que por la mañana era risueño, alegre y sus colores de oro y fuego reflejados en el mar tensaban la sonrisa como ese niño que recien despertaba.
El brillo metálico del Sol llegaba y atravesaba la arena mojada que yo agujereaba de huellas mientras corría. En mi primera vuelta vi mis propias huellas de la ida y miraba de lado imaginando que eran las tuyas que dibujabas conmigo. Era un deseo agradable y místico, vacío de dolor y miedo, lleno de cariño y pasión. Aceleré el ritmo de las
piernas después de mi corazón, hasta que me dejé caer donde el agua apenas me masajeaba los pies y ahí te vi cayendo sobre mí, dejándome sin el poco aire, que recargué cargado del aroma de tu pelo. Fue aquel un sueño muy real que crecía hoy como el torbellino que fuimos en la arena. Y así, entre besos y arena, sudor y risas, el Sol cambiaba su tono que yo veía en tu piel de caramelo y ojos de paraíso. Eso sería la risa del niño.
Fue una mezcla de sueño y recuerdo, de verdad y mentira, de un
pasado idealizado y de un futuro ambicioso, de amor y guerra, que cambiaba con el color del cielo, tal como pasó, tal como quería imaginarlo.
Nos tatuamos el alma con el nombre del otro, pintamos la arena con nuestros cuerpos en sendos dibujos abstractos que eran obras a la alegría, al ralentí del tiempo alargando cada segundo. Nos mojamos de amor en una mar en calma que se fue agitando. Y entre el agua y la espuma me dejé llevar a donde no alcanzan los sentidos. Y viaje mucho en el tiempo y en la distancia, parando uno, acortando otra o al revés. Crucé océanos de dudas y desiertos de impaciencia, hasta montañas de heridas, que mi fé apartó de un plumazo para recorrer contigo todas las maravillas de la Tierra.
Así me tocó el rocío elevándose hacia las primeras nubes bajo un cielo gris plateado y sentí el frío, sentí las olas y sentí tu ausencia. Se me cayó una lágrima que la nube absorvió con el resto del agua. La misma lágrima esparcida en ínfimas
partículas, llenando cada gota de lluvia. Y miré la misma Luna que se reflejaba en tu ventana. La mirabas ahora a través del cristal, ella sola y tú melancólica, pactasteis por un segundo abrir la ventana. De pronto sonó el timbre y un chico empapado aguardaba en tu puerta.
Ese es el sueño del niño.
Nota: Este escrito lo escribí originalmente para un blog que comparto con una amiga. Podéis visitarlo en: twinemotion.blogspot.com
viernes, 6 de septiembre de 2013
Condición humana
Minúsculas gotas de sudor acampaban en su frente. Su temblor en la mano no lo distrajo de la reflexión que lo provocaba. Recordaba su vida como nunca antes había hecho y casi sentía que podía tomar decisiones dentro de sus propios recuerdos. Su sonrisa se desdibujaba con cada pinchazo que sentía en el pecho.
Revivió con rabia su gran amor como si viera una tremenda película con final infeliz, aunque le resultaba difícil verse en aquel papel protagonista, momento en el que su mente en un inútil intento por reconfortarlo empezó a maquinar comodines: "no era quien pensabas", "no te convenía", "no era para ti", "no mierda puta". «¡Ahora no!» se dijo.
Recordó el infierno emocional que ardía de joven en su casa los días lluviosos cuando no tenía a donde ir y sus patéticos esfuerzos en ser diplomático con su familia, cuando sólo los lametones de su mascota conseguían hacer que se evadiera. Y así pensó en las caras de todos los animales que había visto morir, antes y después de su final fatal. «Malditos hijos de puta».
Fue un niño feliz, juguetón y especial. Díscolo en la escuela donde destacó desde el principio, pero por aquel entonces su mundo no era otra cosa que sus padres, sus amiguetes, sus tortugas y una poderosa imaginación. Todos pensaban que era un niño guapo e inteligente destinado a triunfar en la vida y ser feliz. Acertaron en casi todo, pues su empatía y su sensible pero brillante inteligencia emocional propiciaron con los años pasar del espejismo de su cuento infantil a una madurez triste y carcomida por sus deseos de misántropo empedernido.
Sin embargo no podía decirse que no fuese un hombre de éxito: era un físico nuclear con más de una docena de premios. Tenía una mujer exquisita, que nunca quiso, con la que compartía lo que era casi un palacete y una docena de amigos que veía con frecuencia. Fue en ellos y en los que había perdido en los que discurrió a continuación. Había disfrutado momentos geniales con ellos y sufrido puñaladas de diversa índole. Aquellos en quien confió sus secretos más profundos y se desvivió por ayudarles, eran a veces, los mismos que le habían dejado en la estocada cuando más los necesitó o traicionado por una bella meretriz, un fugaz acto de vanidad y otras perlas de su puto egoísmo.
Un águila sobrevoló en ese instante el paisaje que veía a lo lejos por la ventana y deseó ser como él, ajeno al mundo que habitaba. No era la primera ocasión que deseaba ser un animal. La última vez que lo imaginó estaba apunto de mostrar al mundo el trabajo más importante de su vida, un proyecto revolucionario que lo cambiaría todo y se sentía como un mensajero de Dios al haber descubierto la manera de obtener alimento rico en nutrientes de la energía solar. Acabaría con la miseria en el mundo de un plumazo. Un sueño hecho pesadilla por las altas esferas que lo desestimaron y ridiculizaron con sendos desprecios escritos por científicos de renombre, mercenarios.
Su orgullo herido era insignificante en comparación con el dolor y la rabia que lo golpeaban al pensar en toda esa gente desnutrída y desamparada. No era la falta de alimento el causante del mal, ni el petróleo, ni el ingente dinero que éstos movían. Era en realidad un problema de su propia especie. Un egoísmo impreso en los genes del Ser Humano, destinado a satisfacer sus propios intereses siempre por delante que los del conjunto.
Llevaba semanas sin apenas dormir, obsesionado con la idea de que no había esperanza, de que en las veces que volviera a existir la humanidad, en todas sin excepción convertiríamos el mundo terrenal en un escenario dantesco lleno de guerra, hambre y destrucción donde sólo una minoría viviría tranquila. Era un resultado exacto y frío como las matemáticas que lo corroboraban.
Su vida, lejos de ser desgraciada en comparación, había estado llena de pistas. Los pequeños detalles de sus allegados no hacían más que reafirmar su espantoso descubrimiento. Incluso él, en un ejercicio de humildad, reconoció no haber sido lo generoso que pudo ser.
Y así, borracho de razón, debatía si pulsar aquel botón del laboratorio del Colisionador de hadrones de Ginebra era un acto de bondad o de maldad. Era consciente de qué por el mismo camino, tener una vida digna para un recién nacido era una lotería con cada vez menos boletos. La Tercera Guerra Mundial estaba apunto de estallar además y sabía que era inevitable. Si no hacía nada todo ser vivo sería condenado a morir o lo que era peor, vivir en un yermo de ruinas y ceniza. Pero ¿Quién era él para decidir por todos?
Volvió a meditar y entendió que daba igual. Todos estaban condenados ya. Se lamentó por todos los animales y después por las millones de personas que aún eran puras, bien porque lo eran de alma, porque aún no habían cambiado o porque la inmensa mayoría culpable no las había alcanzado todavía. Dudó otra vez y fue entonces cuando recibió una llamada con dos noticias opuestas. La buena era que su mujer estaba embarazada. La mala es que su cuerpo y el feto sin vida habían sido encontrados en un laboratorio del Zaire donde ella aplicaba el proyecto de los alimentos del Sol, presuntamente asesinada por los nativos. Una indescriptible culpabilidad y dolor reventó las arterias de su corazón y calló de bruces contra el botón que llevaba horas mirando. En décimas de segundo el Colisionador generó un microscópico agujero negro que en un minuto era del tamaño de Europa. Devoró la Tierra como un niño tragándose un caramelo.
A miles de años luz, miles de años después, unas criaturas similares a nosotros contemplaron el nacimiento del agujero como hasta entonces lo hacíamos nosotros. Y quedó registrado en sus sistemas de información con unos símbolos parecidos a nuestros números. Ese fue el único legado de la Tierra para el Universo.
martes, 25 de junio de 2013
Evolución tecnodependiente
Estoy leyendo últimamente noticias aleatorias sobre cómo la tecnología está mermando nuestro rendimiento cerebral. Desde hace siglos cada generación, dicen, es "menos inteligente" que la anterior, algo que se habría acelerado alarmantemente durante la década pasada con el auge de Internet. Lo debatían el otro día en Cuarto Milenio tras un riguroso (o no) estudio de fondo sobre el asunto. Daban el dato, por ejemplo, de que un ciudadano medio de la antigua Grecia sería en esta época un superdotado o que el cerebro es ahora un 10% más pequeño que antes. Como a mí no me invitaron al debate pues escribo aquí mi opinión y mi experiencia, pues me sale así de los cojones.
Es verdad que ahora tenemos toda la información al alcance de nuestra mano y eso nos vuelve más vagos mentales. Todos hemos notado antes cómo nuestra capacidad de cálculo se iba a la mierda poco tiempo después de acostumbrarnos a la calculadora. Pasa lo mismo con el resto de información que ya no nos hace falta recordar. Es como si nuestra mente estuviese predispuesta a no tener que grabar profundamente las cosas en la memoria, ahorrando así recursos supongo, y con el paso del tiempo vamos perdiendo esa capacidad, así como la concentración en lo que hacemos. Sin embargo por extraño que parezca yo no creo que esta era tecnológica nos esté convirtiendo en humanos inferiores si no más bien al contrario. No tiene por qué ser necesariamente perjudicial esta "tecnodependencia".
Cuando era muy pequeño me regalaron un ordenador portátil de juguete que consistía en una serie de acertijos, puzzles y demás pruebas matemáticas y de lenguaje plasmadas en una pantalla cutre en blanco y negro de 8 bits. Enseguida le cogí cariño al aparato y me pasaba las horas descifrando sus más o menos enrevesados entresijos. Al cabo de un tiempo resolvía cada uno de sus acertijos con soltura y llegó a aburrirme, así que cuando en el colegio nos planteaban problemas o cálculos más complejos, yo los tomaba casi como un juego y me gratificaba resolverlos. Cuanto más complicados, más disfrutaba con su resolución. La facilidad de hacerlo es probable que viniese precedida de mi prematura práctica con aquel juguete, pero sobretodo creo que vino a consecuencia del cambio de actitud que me supuso, ya que cuanto más disfrutamos de algo, normalmente mejor lo hacemos. Es más que probable que solo con el enfoque aburrido e impuesto de las clases de matemáticas, nunca habría disfrutado con ellas y no habría adquirido por vagancia o desdén la capacidad resolutiva.
Es verdad que mi afición a los videojuegos me ha "distraído" demasiado. Culpa mía. Pero no es menos cierto que he aprendido mucho de ellos y de muchos temas además. Ya huele a mierda la teoría de ser un entretenimiento basado en "marcianitos" que no lleva a ninguna parte. Los juegos aumentan los reflejos de quien los usa, favorecen el uso del 'coco' al presentarnos puzzles de una manera amena e impulsan la agilidad mental al vernos obligados a pensar rápido en juegos online para ganar. Estas partidas en un juego de guerra podrían equipararse muchas veces a sendas partidas de ajedrez a otro nivel. Hay unos cuantos estudios que vienen a demostrar ésto, por cierto. Son la evolución de mi portátil infantil. Pero va mucho más allá cuando te hacen aprender historia, enriquecen el vocabulario o desarrollan la imaginación de uno. Y es que hay juegos más enriquecedores y con un trasfondo más amplio que muchos libros. Lo he comprobado.
La televisión también aporta mucho al conocimiento, sobretodo la ingente cantidad de documentales y repotajes que abordan todo tipo de temas. El trabajo que representa el estudio de años (o siglos) de una materia nos es resumido e inyectado en nuestras mentes en un tiempo cuantificado en minutos u horas y aunque esa pasmosa comodidad va en detrimento de nuestra capacidad de esfuerzo, nos hace aprender. Por desgracia es un invento politizado y convenientemente manipulado con muchas trampas informativas que además está repleto de programas ridículos y borreguiles. Pero es que también hay libros de mierda o experiencias en la vida de mierda y no por ello tenemos que absorber sandeces o quitar valor al medio de difusión en sí mismo.
Pero estas “herramientas” que nos ha brindado la tecnología son nimiedades comparadas con el poder que ofrece Internet. Y es que este medio nos pone a día de hoy al alcance de la mano todo el conocimiento prácticamente inmortalizado hasta ahora por el Ser Humano y gratis, no solo para una minoría poderosa como antes. Y lo mejor de todo es que sigue siendo un medio libre, tan inmenso que es humanamente imposible controlarlo. No menos importante es la facilidad con que nos podemos comunicar con alguien en cualquier parte del mundo. Que un chico de 26 años desconocido esté escribiendo esto que tú lees ahora, es casi milagroso. Las redes sociales han propiciado además cientos de grupos de personas con un afán de luchar por hacer el mundo un poco mejor, enriqueciéndose unos a otros que de otra manera sería muy difícil, si no imposible. He conocido a muchas personas en este entorno virtual con las que he aprendido mucho y ojalá ellas de mí; algunas han pasado a formar una parte importante en mi vida y con muchas otras me habría encantado pasar ese tiempo en persona tomando un café, pero con la mayoría he crecido como persona o simplemente me he divertido, que también es necesario coño. Por otra parte es quizá la única manera de informarse de verdad sobre lo que hay detrás de nuestro modo de vida. Si dedicamos un tiempo a rasgar la superficie de mentiras que nos han hecho creer, descubrimos un elenco enorme de verdades sobre nuestra historia y sobre cómo se maneja hoy el mundo. Cualquiera que se haya molestado en ello, ha podido darse cuenta de cuán podrido que está el Sistema y es patente la creciente organización de la gente en movilizarse contra él. Cada vez hay más gente que despierta y quiero pensar que con el paso de los años conseguiremos una sociedad más justa. Todo en exceso es malo y tendemos a acomodarnos, más es peligroso depender de algo que un día puede fallar o ser saboteado. Tampoco puedo olvidar el esfuerzo de gobiernos, empresas y altas esferas en convertirlo en un medio de control, pero mientras sigamos manteniéndonos en guardia y no abusemos, ¿De verdad la tecnología nos hace menos inteligentes? Y sí así fuese, ¿no es preferible evolucionar en valores, conocimiento y justicia, que ser súmamente inteligentes atrapados en la ignorancia o una mentira? Ahí lo dejo.
miércoles, 12 de junio de 2013
Para ti
Pasan los días, las semanas, los meses, los años... y nunca te he dedicado unas palabras. Tú, que siempre has estado ahí para escucharme, nunca has tenido una mala palabra, un reproche. Cierto es que tampoco me has aconsejado, ni me has halagado. De echo nunca me has respondido. Con todo lo que te he machacado. Te he contado mis penas, mis alegrías, mis sueños, mis temores y siempre ha estado tu opción disponible, sin el temor de repetirme o cansarte. Sin decir una palabra me has ayudado de algún modo a descargar lo que llevo dentro. Es quizá tu mutismo lo que más adoro de ti. Uy si pudieses hablar... creo que lo primero que dirías sería "Joder Jon, pareces un puto loco dedicándome algo en público" y yo te digo que loco me quedaría si no pudiera expresarme contigo cuando no hay nadie más y eres además la única cosa que recordará mis palabras tal como te las conté hasta que me muera. Gracias, Hoja en blanco, Documento de texto, Estado de red social y el resto de tus nombres.
lunes, 10 de junio de 2013
Una inocente manzana
domingo, 9 de junio de 2013
El reflejo alternativo
Me gustó mirar la puesta en el reflejo más que directamente. Una luz más tenue, presa de otra realidad. Si te fijas, mientras desde el mundo el Sol baja, en el reflejo se aleja. Me gustó pensar que el reflejo daba otra opción, que podía dejar de alejarse si lo deseaba con mucha fuerza, pensando que no era ya un espejo si no una ventana a otra puesta de Sol, diferente, más bella, más duradera y única. Disfruté egoístamente de contemplar una puesta mejor que las demás, que solo veía yo, y de repente me vi contigo ahí, en ese reflejo, mirando una puesta solar eterna, que no se aleja, que no desaparece, irrepetible y solo nuestra. Y fuera ya era de noche sin estrellas ni Luna. La oscuridad hirió de muerte a la luz, arrebatando el color a su vida y entre el negro absoluto aun dos puntos brillaban. Era el reflejo incrustado en mis ojos de la luz que no emanaba de lo que ahora era un amanecer, si no de ti.
sábado, 1 de junio de 2013
Donde nos quedamos
La inspiración se me cae por las escaleras del desconsuelo haciéndose pedazos, dejando cachos de mí en cada peldaño. "¿Dónde estás Jon?" me pregunto, "Déjame en paz, estoy soñando, no quiero tus brotes de lucidez, no quiero su cobarde y equivocado razonar, no quiero un mundo que no me comprende ni entiendo, déjame solo, yo creo mi universo que es real y es lo de fuera lo que es falso, lo que no se entiende, lo que no funciona" me respondo.
Y la luz que emana sin remedio es mutilada por las cortinas de la incomprensión ajena, muda y distante pero anhelante como la chica impuntual que observo en el andén mientras mi tren se aleja, como el viajero exhausto que vuelve a donde su hogar se quema y la niña juega con el encendedor descubriendo el fuego, ese que sus ojos reflejan. Los haces de luz, filtrados, transporte de verdades puras, que dejan entrever lo que sé, lo que no puedes ver. ¿Serán tus ojos y sus pupilas tardías en cerrarse las que te ciegan? ¿Será tu fe manchada por el tiempo y aquellos infiernos disfrazados de cielo azul que te quemaron? ¿O será el destino que no es más que un niño jugando con sus muñecos que nos juntó y me obnubiló y en sus rabietas nos retrasa el buen final? ¿Dónde estoy? Y tú... ¿Dónde estás .... ?
lunes, 27 de mayo de 2013
Cruelmente maravilloso
El destino puede ser tan bello como la armonía de una playa al amanecer o tan cruel como sentir ahogarte sin llegar a morir. Pero él solo no es nada. Somos nosotros quien le damos un significado, y un grado a ese significado. ¿Y es una suerte poder darle el máximo grado? "Si, por supuesto, es una maravilla" hubiera respondido antes. Pero hoy día no estoy seguro. Porque conlleva sentir ambos extremos. Ambos te atrapan y de uno no quieres salir nunca, te llena de vida, de paz y de un agradable sentido a todo y cualquier día te lo arrebatan sin que puedas evitarlo. Del otro quieres escapar siempre y no puedes, te quita el sentido a todo, te tortura mientras cada día te quita la vida. Ambos extremos hacen del opuesto tu enemigo, y del término medio, que un día creíste un infortunio de la gente no tan pasional, un salvavidas colgado en la pared que observas a bordo del mejor yate del mundo o desde el mar que te hunde en tus propias lágrimas.
sábado, 11 de mayo de 2013
Un regalo del destino
Qué difícil resulta empezar a
escribir a una hoja en blanco Lara... y no es porque no se me ocurra
qué decir si no todo lo contrario: veo tu foto y me vienen muchas
cosas a la cabeza y claro, no sé cómo empezar. Así que me
concentro mirándote y en segundos me meto profundamente en esos ojos
de esmeralda. Comienza el viaje en tu mar de ensueño y no sé a
dónde voy... y eso es lo que más me gusta: perderme, contigo. Por
un momento me hallo libre y siento que navegando juntos no hay límite
que valga. Te oigo como las sirenas de aquella famosa fábula, que
susurraban a Ulises adentrarse mar adentro, más yo no estoy
amarrado, yo dirijo el timón y tú pones el viento en las velas.
Déjame vivir este sueño que describo. Infantil tal vez, sincero
desde luego. “Sólo” te pido una vuelta al mundo. Imagino unas
tardes tranquilas respirando paz, al tiempo que saboreo después la
emoción de la noche que se cierne y nos acelera el corazón. Debe
ser especial el brillo lunar acariciando tu piel y un regalo para los
ojos que te anhelan y contemplan, sin duda. Un premio también que de
algún modo disfruto ahora mismo. Porque desde el primer momento has
exprimido sin quererlo mi imaginación y es increíble que en pocos
días te hayas ganado mi confianza y mi aprecio. Rasgaste una brecha
en mi caparazón y vertiste dentro no sé qué, pero es algo dulce,
reconfortante e inspirador, parecido a una “droga dura” como me
decías ser, y yo te doy en parte la razón, con la diferencia de que
no dejas un regusto amargo ni resaca alguna... pero sí que creas
adicción, sí que tienes el poder de cambiar mi estado de ánimo e
incluso de hacerme alucinar, aunque sea divagando y soñando con
viajes a tu lado. ¡Qué fácil y grato es volar contigo!
No temas, sé que tenemos mundos diferentes y sé que hay una linea invisible que nunca traspasaremos, ni es mi intención. Pero ahí, en ese punto donde se tocan, esa mágica realidad alternativa en la que me sumerges, ahí te esperaré, siempre que quieras.
Con cariño para ti, mi musa.
No temas, sé que tenemos mundos diferentes y sé que hay una linea invisible que nunca traspasaremos, ni es mi intención. Pero ahí, en ese punto donde se tocan, esa mágica realidad alternativa en la que me sumerges, ahí te esperaré, siempre que quieras.
Con cariño para ti, mi musa.
jueves, 2 de mayo de 2013
Vidas paralelas
Un cigarro de contrabando Lucky Strike se consume en mi mano dando botes según tecleo. "Golpe de suerte", qué ironía. Lo apago y estrujo, destrozando lo que queda de él sobre los restos de sus iguales. De fondo, la TV sin volumen muestra imágenes de locura. Las noticias. Reflexiono. Silencio que transmite lo mismo: silencio ante tanta injusticia. El grito más alto no es más que eso para quien no quiere oír. Profundizo. Parece que la ironía está en todas partes, que el destino es un sarcástico y un cabrón. Y mientras pasan los minutos, me doy cuenta de que se me está yendo el día y no he estudiado. El tiempo... no hay cosa más relativa. Lo único que sé es que él jamás se detiene. Pero nosotros sí. Lo hago cada día, cada hora. Sin embargo, cuando "paro" he vivido mucho más tiempo imaginariamente que el real. Siempre le saco una grandísima ventaja. Ahora mismo acabo de hacerlo, mientras escribo esto me he imaginado en un parque pensando, imaginando otra vida en otro lugar más cálido y ahí en ese pensamiento he pasado quizá una vida entera. Como en una isla, con su modo de vida, con mi lucha para sobrevivir, las tormentas y las hogueras que me calientan el cuerpo y el alma. He pasado años ahí, solamente en cinco minutos. Pero lo olvido o lo intento, porque si no, me volvería loco, aunque siempre quedan restos. Y esos restos se quedan en mí, solo en mí.
Hace no mucho leí, aunque ya lo sabía, que la calidad de un recuerdo (lo que perdura y la fidelidad a cómo fué en realidad) es proporcional a la carga emocional que uno tenía cuando sucedió. Doy fé. Creo además que eso sucede también con la imaginación. Tan relativo es el tiempo... dedicas a una persona diez minutos hablando. Y en secreto le has dedicado una vida. O muchas vidas. Que no son reales, pero estoy seguro que todo ese "tiempo" imaginario queda dentro de uno mismo. Nunca será descubierto, ni disfrutado, no será compartido, pero ahí está. Eso sí, el tiempo de verdad sigue adelante, por mucha ventaja que pueda sacarle, él continúa y de vez en cuando me doy cuenta de que han pasado meses y años, y quizá haya quien me recuerde solo por los momentos; y a mí a veces me gustaría decir "te dediqué muchas vidas". [Ben/Mal]dita imaginación, [ben/mal]dita memoria.
miércoles, 6 de febrero de 2013
La decisión
Dicen que decidir nos hará libres. Pero no va a ser ese el titular de esta entrada porque sinceramente no estoy seguro. Siempre depende de la decisión que tomemos, aunque si que es cierto que la sensación de tener que tomar una decisión y no hacer nada es una prisión que va royendo nuestro ánimo. Estoy harto y cansado de que todo sea tan complicado. Harto y cansado de no saber si no veo las cosas con claridad o si al contrario las veo tan claras que me niego a reconocerlo. Harto y cansado de que mi elenco de decisiones esté basado en situaciones negativas. Quiero elegir lo que me haga feliz, no aquello que considere que me haga menos infeliz. ¿Cómo he llegado a ésto? ¿Es acaso no haber tomado una determinación a tiempo?. Estaba tomada pero algo tuvo que echarme atrás y me pregunto si ahora estoy pagando las consecuencias de agarrarme a clavos ardiendo. Soy yo quien pone a menudo el brillo de esa luz al final del túnel. Maldigo el día que mis pupilas dejaron de ser automáticas, pues soy quien las dilata a propósito para ver más luz donde no la hay, donde ni siquiera sé si existe. ¿O sí?
miércoles, 16 de enero de 2013
Quien ama sabiendo porque ama, no ama
Esta reflexión la escribi hace ya tiempo, pero me da la gana de copiarla aquí. Tal vez porque sí, tal vez porque es mi forma de querer y en lo que pienso mucho ultimamente.
"El alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago. Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.
Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.
Él decía que, cuando Narciso ...murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
- ¿por qué lloras?- le preguntaron las Oréades.
- Lloro por Narciso - repuso el lago.
- ¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! - prosiguieron ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
- ¿Pero narciso era bello? - preguntó el lago.
- ¿Quién si no tú podría saberlo? - respondieron sorprendidas las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.
El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:
- Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.
>> Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza." El Alquimista, Paulo Coelho.
Esta corta historia me hace pensar: ¿cuántos creen quererse de verdad y en realidad solo quieren lo que las demás personas les aportan? Por desgracia es algo muy humano.
Querer de verdad es querer antes a alguien por quien es y solo después por lo que te aporta y acabar descubriendo que esto, lo que te aporta, por querer su alma, es mucho más que lo que hace por ti. Y solo podrás pagárselo de verdad, cuando aprendas a dar sin intención de recibir, cuando enseñes a esa persona a ver su propia alma impresa en tu alegría, cuando y solo entonces, comprenda que le quieres por quien es, cuando y solo entonces, te quiera por quien eres.
"El alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago. Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.
Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.
Él decía que, cuando Narciso ...murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
- ¿por qué lloras?- le preguntaron las Oréades.
- Lloro por Narciso - repuso el lago.
- ¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! - prosiguieron ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
- ¿Pero narciso era bello? - preguntó el lago.
- ¿Quién si no tú podría saberlo? - respondieron sorprendidas las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.
El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:
- Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.
>> Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza." El Alquimista, Paulo Coelho.
Esta corta historia me hace pensar: ¿cuántos creen quererse de verdad y en realidad solo quieren lo que las demás personas les aportan? Por desgracia es algo muy humano.
Querer de verdad es querer antes a alguien por quien es y solo después por lo que te aporta y acabar descubriendo que esto, lo que te aporta, por querer su alma, es mucho más que lo que hace por ti. Y solo podrás pagárselo de verdad, cuando aprendas a dar sin intención de recibir, cuando enseñes a esa persona a ver su propia alma impresa en tu alegría, cuando y solo entonces, comprenda que le quieres por quien es, cuando y solo entonces, te quiera por quien eres.
miércoles, 9 de enero de 2013
Pagan justos por pecadores
Lo vemos todos los días. Es una frase que oigo a menudo. Estaría bien oirla y no sentirla. Me da rabia verla en los demás y sufro cuando me la aplican. También es verdad que yo soy a veces quien la aplica a otras personas.
Todos tenemos derecho a ser nosotros mismos y a veces cargamos a menudo con problemas de otras personas, o tenemos una discusión desagradable o nos putean por todas partes y es triste como esa carga que soportamos se vuelve contra personas que no tienen culpa de nada, que incluso tienen la intención de ayudarnos. Muchas veces yo lo he pagado con mi abuela por ejemplo, porque quizá me pregunta por enésima vez si voy a comer algo o lo otro, y yo le respondo bastante seco. O simplemente estoy rallado por algo y estoy a su lado sin decir una palabra, haciéndole sentir que no tengo ganas de hablar con ella. Después viene cuando lo pienso y me siento como un cabrón, pero aun así no le pido perdón. Y es que en el momento no nos damos cuenta. O simplemente no hay ganas. También tengo amistades que quizá puedan sentir que no les hago caso en algunos momentos, pero no es que no me apetezca, es que estoy a otra cosa o tengo mal día, carajo.
También es difícil ponerse en el lugar de la otra persona. La empatía es un valor en desuso hoy en día. Porque es muy habitual tener un día horrible y sentirnos cansados, apáticos o aún cabreados y sin mala intención contestar mal a alguien que apreciamos y que esa persona se lo tome como algo personal. No es menos cierto que todo tiene un límite y por muy mal que estemos no tenemos derecho a menospreciar ni faltar al respeto, porque además puede que el resto estén aún más ofuscados. Hay que tener un término medio y como digo, tener algo de empatía. Máxime si es alguien que de verdad valoramos y sabemos que en condiciones normales no actuaría así. Cuando ésto nos falta, podemos embarcarnos en un discusión donde es fácil perder los estribos y que acabe siendo algo personal.
Otra cosa muy habitual es juzgar a las personas en base a malas experiencias pasadas. La desconfianza, encasillar a alguien injustamente, en definitiva, tratar mal a alguien que no se lo merece, es muchas veces una máscara del miedo. Miedo a que nos vuelvan a fallar, a hacer daño, a que nos engañen, a que sean falsos con nosotros y muchas otras formas. Es humano. Pero no por ello es justo.
Siempre he dicho que deberíamos tener un botón de "reset" que nos devolviera a la calma, a la normalidad y al control de nuestras emociones. Pero como no lo tenemos hay que saber que no somos los únicos, nadie lo tiene. Y que todo lo que decimos tiene un efecto en los demás que muchas veces no buscamos, pero se queda ahí. Es ahí cuando pagan justos por pecadores. Un error que a veces, se puede volver contra nosotros mismos.
Todos tenemos derecho a ser nosotros mismos y a veces cargamos a menudo con problemas de otras personas, o tenemos una discusión desagradable o nos putean por todas partes y es triste como esa carga que soportamos se vuelve contra personas que no tienen culpa de nada, que incluso tienen la intención de ayudarnos. Muchas veces yo lo he pagado con mi abuela por ejemplo, porque quizá me pregunta por enésima vez si voy a comer algo o lo otro, y yo le respondo bastante seco. O simplemente estoy rallado por algo y estoy a su lado sin decir una palabra, haciéndole sentir que no tengo ganas de hablar con ella. Después viene cuando lo pienso y me siento como un cabrón, pero aun así no le pido perdón. Y es que en el momento no nos damos cuenta. O simplemente no hay ganas. También tengo amistades que quizá puedan sentir que no les hago caso en algunos momentos, pero no es que no me apetezca, es que estoy a otra cosa o tengo mal día, carajo.
También es difícil ponerse en el lugar de la otra persona. La empatía es un valor en desuso hoy en día. Porque es muy habitual tener un día horrible y sentirnos cansados, apáticos o aún cabreados y sin mala intención contestar mal a alguien que apreciamos y que esa persona se lo tome como algo personal. No es menos cierto que todo tiene un límite y por muy mal que estemos no tenemos derecho a menospreciar ni faltar al respeto, porque además puede que el resto estén aún más ofuscados. Hay que tener un término medio y como digo, tener algo de empatía. Máxime si es alguien que de verdad valoramos y sabemos que en condiciones normales no actuaría así. Cuando ésto nos falta, podemos embarcarnos en un discusión donde es fácil perder los estribos y que acabe siendo algo personal.
Otra cosa muy habitual es juzgar a las personas en base a malas experiencias pasadas. La desconfianza, encasillar a alguien injustamente, en definitiva, tratar mal a alguien que no se lo merece, es muchas veces una máscara del miedo. Miedo a que nos vuelvan a fallar, a hacer daño, a que nos engañen, a que sean falsos con nosotros y muchas otras formas. Es humano. Pero no por ello es justo.
Siempre he dicho que deberíamos tener un botón de "reset" que nos devolviera a la calma, a la normalidad y al control de nuestras emociones. Pero como no lo tenemos hay que saber que no somos los únicos, nadie lo tiene. Y que todo lo que decimos tiene un efecto en los demás que muchas veces no buscamos, pero se queda ahí. Es ahí cuando pagan justos por pecadores. Un error que a veces, se puede volver contra nosotros mismos.
lunes, 7 de enero de 2013
El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional
Claro, preguntemos a una madre que ha perdido a su hijo, al chaval que perdió sus piernas en un accidente, a quien ha perdido todo en un terremoto o al conyuge que descubre infraganti, muerto por dentro, como su pareja fornica con otra persona. Sí, es opcional, pero a veces es inevitable coger la opción de sufrir. Porque somos humanos. Si fuésemos máquinas anularíamos al instante todo sufrimiento, simplemente nos adaptaríamos automáticamente a las nuevas circunstancias. Pero no lo somos. Y es una putada, la verdad, pero también se puede aprender mucho.
Todos tenemos nuestro proceso de superación, que es más corto o más largo dependiendo de cómo seamos. Es algo incluso genético (unas personas están más predispuestas a ser más positivas que otras). Nadie es un témpano de hielo al que nada le afecta y si lo es, me da lástima. El problema surje cuando este tiempo se vuelve demasiado largo y la persona cae en una espiral de donde cada vez es más difícil salir. El dolor se va instalando como un virus en todas las facetas de su vida, incapacitándolo para todo. A esta persona (o cualquiera) si le dieran a elegir entre sufrir o no, elegiría no hacerlo lógicamente y en realidad, si que tuvo la decisión en sus manos, pero éstas, mojadas de lágrimas, hicieron resbalar su salvación.
Hay muchos dramas que me recuerdan un poco a dejar de fumar. Como decía al principio, si la opción fuese tan sencilla y con este símil, un fumador que decide dejar de fumar, en los siguientes segundos de su vida hasta su muerte no echaría en falta un cigarro. Jamás lo pasaría mal por ello. Y resulta que ,mira por donde, la adicción a esta droga es en un 90% psicológica. Entonces el fumador, lo deja, pero se martiriza continuamente echando en falta algo que sólo le daña. Igual que muchos de nosotros nos torturamos con pensamientos, anhelos o llamarlo como queráis, que a veces, ni siquiera nos conviene la solución que nos gustaría.
Yo estoy dejando de fumar, así que sé de qué hablo.
Al final la frase podría resumir el control del cerebro racional sobre el emocional. Porque en todas las situaciones que nos presenta la vida que nos hacen un daño enorme, tenemos escondido un kitkat para comérnoslo y pensar sólo racionalmente. Podemos estar mucho tiempo para encontrarlo pero al hacerlo vemos que tal vez no es tan grave, vemos qué soluciones hay, diferenciamos lo que queremos con lo que debemos hacer y un montón de mecanismos que veríamos si no fuésemos los protagonistas. Puede llegar a curarnos momentaneamente este paréntesis de pura racionalidad. Lo que es vital es recordarlo y aplicarlo. No podemos evitar sufrir, pero podemos hacer que sea más llevadero y haciéndolo, también termina antes. Hasta se puede aprender a tener una actitud mucho más positiva y que ante los mazazos estemos más predispuestos a usar más la razón. Yo estoy aprendiendo. ¿Y tú?
Todos tenemos nuestro proceso de superación, que es más corto o más largo dependiendo de cómo seamos. Es algo incluso genético (unas personas están más predispuestas a ser más positivas que otras). Nadie es un témpano de hielo al que nada le afecta y si lo es, me da lástima. El problema surje cuando este tiempo se vuelve demasiado largo y la persona cae en una espiral de donde cada vez es más difícil salir. El dolor se va instalando como un virus en todas las facetas de su vida, incapacitándolo para todo. A esta persona (o cualquiera) si le dieran a elegir entre sufrir o no, elegiría no hacerlo lógicamente y en realidad, si que tuvo la decisión en sus manos, pero éstas, mojadas de lágrimas, hicieron resbalar su salvación.
Hay muchos dramas que me recuerdan un poco a dejar de fumar. Como decía al principio, si la opción fuese tan sencilla y con este símil, un fumador que decide dejar de fumar, en los siguientes segundos de su vida hasta su muerte no echaría en falta un cigarro. Jamás lo pasaría mal por ello. Y resulta que ,mira por donde, la adicción a esta droga es en un 90% psicológica. Entonces el fumador, lo deja, pero se martiriza continuamente echando en falta algo que sólo le daña. Igual que muchos de nosotros nos torturamos con pensamientos, anhelos o llamarlo como queráis, que a veces, ni siquiera nos conviene la solución que nos gustaría.
Yo estoy dejando de fumar, así que sé de qué hablo.
Al final la frase podría resumir el control del cerebro racional sobre el emocional. Porque en todas las situaciones que nos presenta la vida que nos hacen un daño enorme, tenemos escondido un kitkat para comérnoslo y pensar sólo racionalmente. Podemos estar mucho tiempo para encontrarlo pero al hacerlo vemos que tal vez no es tan grave, vemos qué soluciones hay, diferenciamos lo que queremos con lo que debemos hacer y un montón de mecanismos que veríamos si no fuésemos los protagonistas. Puede llegar a curarnos momentaneamente este paréntesis de pura racionalidad. Lo que es vital es recordarlo y aplicarlo. No podemos evitar sufrir, pero podemos hacer que sea más llevadero y haciéndolo, también termina antes. Hasta se puede aprender a tener una actitud mucho más positiva y que ante los mazazos estemos más predispuestos a usar más la razón. Yo estoy aprendiendo. ¿Y tú?
Prisión del silencio
Comienzo mi andadura en esto de los blogs. Nunca había tenido uno, exceptuando aquel espacio de MSN que era un pitorreo de tres al cuarto. Ha llovido mucho desde entonces y ahora desde una perspectiva más madura y mucho más amplia creo este pequeño espacio llamado "Prisión del silencio". He elegido ese nombre porque el que había elegido antes estaba ocupado, para empezar, y para seguir porque es lo primero que me ha venido a la cabeza y es un poco acorde a una sensación que me persigue a todas partes. Es "ineludible". Me refiero a aquella incómoda que todos tenemos en mayor o menor medida, cuando pensamos algo sólo para nosotros mismos. Este blog será un espacio de libertad. Un pequeño butrón en la pared del desinterés, de la indiferencia ajena e incluso de sus medidas restrictivas. Un "vis a vis" conmigo mismo donde ser completamente sincero. También es un entrenamiento de cara a algo mucho más grande y trascendental que más temprano que tarde escribiré. No tengo del todo claro qué voy a publicar aquí, pero de momento me dedicaré a dar mi opinión sobre frases que leo por ahí o que yo me invente. Bienvenid@s.
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